Calvillo nació en el Siglo XVII a partir de una necesidad religiosa,
pues en las tierras de cultivo pertenecientes a la Hacienda de San Nicolás,
propiedad de Juan Calvillo, vivían alrededor de 2,300 españoles, 890 indígenas
y algunos mulatos; la población carecía de servicio religioso. El Arzobispo de
Nueva Galicia, hoy Guadalajara, autorizó que en 1772 se comenzara a construir
una iglesia en el lugar, la Parroquia del Señor del Salitre.
Se comenzó su construcción con la bendición de la primera
piedra el 12 de diciembre de 1772, desarrollándose lentamente. En octubre de
1845 llega a Calvillo por instrucciones del obispado, el arquitecto Manuel
Gómez Ibarra a inspeccionar las obras del templo, dejando instrucciones para su
segura continuación. El 18 de agosto de 1870, aun inconclusa la obra, se
realizó la bendición y se abrió el templo al culto. Sin embargo, sabemos que ya
para el año de 1884 estaba por concluirse la gran cúpula hecha de ladrillo, con
lo que se terminaba la obra, resultando el templo bastante espacioso, hermoso y
sólido.
La iglesia en
su exterior presenta la peculiaridad de estar trunca en su torre, porque al
quererse levantar, se empezó a cuartear. Finalmente la iglesia quedo conformada
en varias etapas constructivas. El exterior ostenta sobria y sencilla fachada
neoclásica; la puerta de acceso posee un gran arco triunfal de medio punto; la
única torre es de dos cuerpos con espadaña.
El interior,
de planta basilical de tres naves, que simbolizan la Santísima Trinidad; los
arcos formeros, y bóveda de crucería está decorado con colores verde y
amarillo. En la enorme cúpula octagonal, una de las más majestuosas de
Latinoamérica, se observan hermosas pinturas al fresco en cada gajo; estas
representan diferentes frescos con escenas de la vida del Señor San José y
conserva su piso de madera. La capilla demuestra la devoción de los pobladores
por el Señor del Salitre, considerado sumamente milagroso por los pobladores.

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